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viernes, 23 de agosto de 2013

CERRAR EL LIBERTAD

Si un día me dieran un ultimátum y me dijeran que sólo puedo dar un concierto más en mi vida, sin duda, el sitio elegido sería el Libertad 8. No se puede explicar con palabras lo que tiene ese lugar, hay que estar ahí, sentirlo. Se dice que es el templo de la canción de autor, y no es una frase hecha, porque tiene mucho de templo. El respeto, silencio y atención que se respira en cada actuación es tal, que impone, convirtiendo cada concierto en una especie de liturgia.


Ayer volví a vivir una de esas noches mágicas en el L8. Volví a subirme a ese escenario nervioso como un novato. Antes de subir le comentaba mis nervios a Julián y le explicaba que para mi hacer un Libertad siempre es una responsabilidad solo equiparable al placer de habitar en su escenario de vez en cuando.

 
Tuve la suerte de compartir momentos increíbles y mágicos con Alex Larraga al piano y Manu Clavijo al violín y Arita Valsera volvió a prestarme su bella voz en “Si supieras”. Ahí quedaron versiones de “Báilame el agua”, “Pese a quien pese” y un “Mis posesiones” a pelo que no olvidaré, aunque eché de menos, como siempre, a Ramonet, girarse y no verle se me hace tan raro (¡vente pa’ Madrí ya!). Tanto Alex como Manu demostraron de qué pasta están hechos algunos músicos y se dejaron llevar hasta alcanzar momentos que me pusieron la piel de gallina. La emoción se podía cortar.


Agradezco cada nota, cada aplauso, cada palabra de agradecimiento, cada sonrisa, cada abrazo, porque son el aire que me da vida, mi vida.
 
Pero un concierto en el L8 no estaría completo sin acabar cerrando el Libertad. Echaba de menos eso de hacerme fuerte en la barra, cerrar el bar y quedarnos unos cuantos amigos conversando con Julián, que ahora ya, oficialmente, es el patrón de ese maravilloso barco. Me encanta hablar con Julián, es una de las personas más lúcidas e inteligentes que conozco, además de una especie de Wikipedia andante por la cantidad de datos, fechas e información que atesora de infinidad de temas. Eso por no hablar de la música que suena cuando la puerta se cierra. Digamos que esas canciones que todos llevamos en secreto en el corazón salen a la luz y las disfrutamos como niños pequeños entre risas y agua con misterio (¡Grande Manu!).

Echaba de menos una de esas noches y ayer me desquité, eso sí, hoy mis ojeras me delatan, pero valió la pena, como siempre. Espero volver pronto a ese escenario y volver a compartirlo con todos vosotros. Una vez más, GRACIAS.
Joel Reyes

Fotografías cortesía de Rocío Heras y Laura Bermúdez.

martes, 25 de junio de 2013

UN DÍA ESPECIAL

Hoy es un día especial por dos motivos.

El primero es que esta tarde a eso de las 19 horas, estaré participando en un homenaje al gran Jorge Drexler en el Libertad 8 y en él tendré el honor de estar acompañado al violín y la voz por el grandísimo Manu Clavijo interpretando “Se va, se va, se fue”, y el segundo es que después, a eso de las 21.30 horas estaré como un flan a punto de enfrentarme a mi primer concierto en solitario desde hace casi cuatro años en el Dog & Roll, un concierto en el que van a ocurrir cosas muy bonitas y especiales.

Hoy es, por tanto, es un día para saborear segundo a segundo. 
Para los que no podréis acompañarme, os dejo un regalo que pude robarle a la vida ayer por la tarde mientras preparaba con Manu el tema de Drexler en casa. Esos momentos no tienen precio.


 
SE VA, SE VA, SE FUE
(Jorge Drexler)

Con el anhelo dirigido hacia ti
yo estaba sólo, en un rincón del café
cuando de pronto oí unas alas batir,
como si un peso comenzara a ceder,

se va, se va, se fue…

Tal vez fue algo de la puesta de sol,
o algún efecto secundario del té,
pero lo cierto es que la pena voló
y no importó ya ni siquiera porqué,

se va, se va, se fue…

Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también

se va, se va, se fue…

Joel Reyes