martes, 27 de agosto de 2013

SIN MEMORIA

De todas las enfermedades “comunes” que azotan al ser humano, sobre todo al acercarse el ocaso, pocas me parecen tan crueles como el alzheimer. Que nadie me malinterprete, todas las enfermedades lo son, pero verte despojado de los recuerdos de toda una vida, de todo lo que has sido y vivido, se me antoja de una crueldad extrema.

Ayer, viendo una serie, aparecían varias referencias al tema, empezando por “El diario de Noa” y terminando por un personaje que padecía la enfermedad. En una de las escenas, se llevaban a dicho personaje a una pista de Karting para rememorar sus tiempos de piloto de carreras. Uno de los personajes, que desconocía que padecía dicha enfermedad, comentaba que ese sería un día que tardaría mucho en olvidar pues lo estaba disfrutando como un niño pequeño, su nieto, le contestaba que seguramente al día siguiente no se acordaría de nada.

 
A diario, solemos utilizar mucho la expresión Carpe diem, abreviatura de la frase atribuida al poeta romano Horacio, “Carpe diem quam mínimum credula postero” (“toma el día como si creyeras que es el último”), y me preguntaba cómo viviríamos nuestros días, nuestros momentos si fuéramos conscientes de que al día siguiente los olvidaríamos por completo. Supongo que todo tendría otra intensidad, una intensidad única e irrepetible, puesto que ni siquiera nos quedarían nuestros recuerdos para volver a saborear ese instante.
 

No existirían pues todos los sentimientos asociados a nuestros momentos o decisiones; el arrepentimiento, el bienestar, el dolor, el placer y un montón de emociones que van unidas a nuestros actos cotidianos. Somos lo que vivimos y las huellas que ello deja en nosotros, en nuestra mente, en nuestros actos posteriores.


Desposeernos de recuerdos sería como empezar a diario de cero, como en esa película, Memento, en la que su protagonista olvida cada día lo hecho el día anterior y tiene que tatuar su cuerpo con lo vivido para poder recordarlo.
A veces bien estaría poder borrar alguna de las carpetas que habitan en nuestro disco duro mental. Dar a eliminar permanentemente y que algunos recuerdos se evaporaran de nuestra cabecita, aunque, como decía el nieto en esa escena de la que hablaba antes, sin memoria no habría que vivir con lo que duele, pero eso también nos impediría recordar todos los buenos momentos vividos, así pues, vivamos con todo, lo bueno, lo malo, y sobre todo, aprendamos y disfrutemos de ello.

Me voy camino del mar.
Feliz martes.

Joel Reyes

 

1 comentario:

  1. pero qué profundo te me pones a veces y cómo me encanta! BESTIAL ENTRADA!

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